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Subió su proporción frente a la de extranjeros en la expedición de Magallanes – Elcano, que había sido del 60%.
La expedición de Loaysa acudía al Maluco para quedarse, y hacer frente a los portugueses que hubiera allí. De estos embarcaron muy pocos, aunque algunos muy selectos como el piloto Pedro de Abréu o el cirujano Maestre Hernando.
Su participación fue la mayor de entre los extranjeros, con un gran peso de los genoveses entre ellos. Se trataba principalmente de buenos hombres de mar.
Como era habitual en la época, la mayor parte de los lombarderos procedían de Flandes y de Alemania.
La construcción y organización en Portugalete (Vizcaya) de cuatro de las siete naves terminó derivando en una gran participación de marinos vascos. También influyó Elcano, que se acompañó por gran número de familiares y conocidos.
Por razones parecidas, destaca también la alta proporción de gallegos enrolados, sin duda relacionada con la construcción de tres de sus navíos en La Coruña, y la organización allí de la salida.
Quizá sorprenda la baja participación de andaluces, y sobre todo de onubenses, gaditanos y sevillanos, tan habituales en las armadas a Indias. Parece resultado de la creación de la Casa de Contratación de la Especiería en La Coruña, que dejaba fuera de la organización a la de Indias de Sevilla.
La mitad de la tripulación se repartió entre prácticamente todas partes de España.
Desde hace años, cada vez que he topado en algún documento con la firma de alguno de los tripulantes de la expedición, la he extraido para terminar reuniéndolas en una sola imagen. En general, proceden de los testamentos, en los que no solo firmaba el moribundo sino el escribano y los testigos. También las hay procedentes de cartas manuscritas por ellos mismos, poderes, y un amplísimo abanico de legajos directamente relacionados con la expedición.
Personalmente, ver sus firmas me impresiona, porque con ello se rescata una parte de la esencia de cada una de aquellas personas.
fuentes y bibliografía: