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Si uno lee las fuentes más conocidas acerca del viaje de la primera vuelta al mundo, como la relación de Pigafetta, o el relato del cronista Antonio de Herrera, encontrará que en ambas se cita en diversos momentos al Piloto de Su Alteza, Andrés de San Martín. Sin embargo, encontrará poco más que referencias acerca de su oficio de piloto y cosmógrafo, como por ejemplo tratando de determinar la longitud geográfica en la costa de Sudamérica. En cierto modo, ya solo por esto podemos intuir que San Martín debió destacar de entre los demás pilotos de la Casa de Contratación que formaban parte de la dotación, que no son tan citados.
Leeremos también que encontró la muerte en Cebú (Filipinas), junto a otros 26 compañeros, en aquella infame traición en la que, tras una invitación a comer por parte de los nativos, éstos terminaron pasando a cuchillo a todos los invitados. En realidad, por un testimonio que daría el capitán Gonzalo Gómez de Espinosa en 1535 sabremos que San Martín bajó a tierra antes del convite para lavar su ropa, y nunca más volvió.
Encontraremos algunos otros documentos archivados en los que vamos a obtener detalles que nos asombrarán y nos emocionarán, y de los que solo cabe una conclusión: Andrés de San Martín era un hombre especial y querido, sin duda por Juan Sebastián Elcano, pero a buen seguro también por los demás expedicionarios.
San Martín ejercía como uno de los pilotos con sueldo fijo en la Casa de Contratación de Indias, en Sevilla.
Embarcó en la expedición de Magallanes como piloto de la nao San Antonio, con el capitán Juan de Cartagena.
En su época, la astronomía y la astrología se mezclaban. Sabía calcular y predecir eclipses, a la vez que interpretar en los astros situaciones de la vida real.
Firma de Andrés de San Martín
Consta que tenía dos hijas pequeñas a su cargo, con cuya madre no se casó. Al marchar las dejó a su hermano Cristóbal.
En su faceta de cosmógrafo, probó un método experimental ideado por Ruy Falero para determinar la longitud geográfica.
Se le dio por muerto en Cebú (Filipinas), aunque en realidad había desaparecido días antes de marchar de allí, después de que bajara a lavar su ropa.
A los marinos se les permitía llevar una caja con mercancías para intercambiar por riquezas en destino. Elcano se ocupó de llenar de clavo la caja de Andrés de San Martín, y de entregarla en su nombre a la llegada a Sevilla. El importe que por ella terminó percibiendo Cristóbal, hermano y heredero del cosmógrafo, fue de nada menos que 88.587 maravedís, una suma muy elevada.
En el año 1530, ocho años después de terminar el viaje, Carlos V tomó una decisión poco habitual: ordenó por real cédula pagar 12.000 maravedís a Juana, hija de Andrés de San Martín, «como ayuda para su casamiento por lo que sirvió su padre». Puesto que ella era todavía menor, su tío Cristóbal quedaba obligado a conservar el dinero mientras tanto.
fuentes y bibliografía: