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«¡Mar de España!»

LEGAJOS

Cuando el mar era profundo, los marinos del siglo XVI lo llamaban Mar de España. Descúbrelo en esta narración, tan bonita como a la vez angustiosa, según contó uno de los tripulantes de la expedición de Ruy López de Villalobos.

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Dejamos aquí un extraordinario fragmento, lamentablemente anónimo, acerca de la travesía de la expedición de Ruy López de Villalobos, que cruzó el Pacífico tras zarpar desde el Puerto de Navidad (México) en 1542. Con una gran capacidad narrativa, nos sumerge en el ambiente de tensión máxima vivido a bordo en la oscuridad de la noche, al verse frente a unos bajíos y con las naves próximas a embarrancar. Este texto nos descubre la costumbre de llamar «Mar de España» a todo aquel de aguas profundas, una expresión con una buena dosis de fanfarronería, pero que nos da idea del sentimiento de orgullo de los marinos españoles de la época por lo que hacían.

Manuscrito anónimo sobre la expedición de Ruy López de Villalobos del que mostramos el fragmento transcrito. Ver en la Biblioteca Digital Hispánica.

Fragmento de la narración anónima del viaje de Ruy López de Villalobos

Biblioteca Nacional de España, RES/18, fols. 46r-47v.

El mes de noviembre del año de 1542, navegando la vuelta del poniente como el tiempo les daba lugar, habiendo andado 350 leguas yendo en altura de 13 grados y medio, a las once horas de la noche, yendo toda la armada con viento fresco, el que hacía la guardia por los soldados vio por la proa, hacia donde la armada encaminaba, manera de fuego y resplandor grande, el cual lo dijo luego a un marinero que en la gavia velaba, preguntándole qué cosa era. 

​Este soldado se llamaba Francisco de Ávila. Era natural de Salamanca y, como no sabía las señales que la mar hace, a lo menos de noche, paresciéndole cosa nueva lo que veía, queríase certificar y asegurar, lo cual era que con el gran viento que a la sazón en la mar había, quebraba la mar en unos bajos tan recio que la espuma que de sí echaba daba aquel resplandor que al soldado le paresció fuego. El cual, estando debatiendo con el marinero porque no le satisfacían las razones que le daba, quería llamar al piloto, y el marinero se lo estorbaba diciendo no ser nada, lo cual hacía por no se desenvolver ni mojar, que a la sazón llovía, y porque no entendía lo que era.

El piloto mayor mandó echar la sonda, que es un pedazo de plomo asido en una cuerda, para saber qué tanta hondura hay, la cual echada se hallaron en 7 brazas, que sabido fue grandísima turbación para toda la gente que lo supo.

manuscrito anónimo bne res/18

Estando ellos en esta porfía, el navío San Felipe venía de la banda del norte de la Capitana, y había visto la señal de los bajos como hombres que llevaban buena guarda, y como los vió empezó a ir de lo sobre la Capitana dando voces, a las cuales el piloto mayor y el general se despertaron, y alguna de la gente que iba en la nao. 

​El piloto mayor mandó a grande prisa amurar las velas la vuelta del sureste, y fue sobre el navío San Juan de Letrán, que estaba de la banda del sur de la Capitana, el cual, habiéndolo visto, había ya mareado las velas a este tiempo. Con las guías y vocería se empezó a alterar toda la gente. El piloto mayor mandó echar la sonda, que es un pedazo de plomo asido en una cuerda, para saber qué tanta hondura hay, la cual echada se hallaron en 7 brazas, que sabido fue grandísima turbación para toda la gente que lo supo, aunque no fue mucha.

​Y llamando a Dios en los corazones, se tornó a echar el plomo yendo todavía la nao orceando cuanto podía. Tornado a sacar el plomo, se halló en cinco brazas, por lo cual, pensando que era ya llegado el fin, y con harta razón como lo entenderán los que de estos peligros saben algo, porque [sic: por] verse a medianoche y con demasiado viento y agua, y no ver tierra, y por parte que hasta entonces no se había navegado ni se tenía noticia de cosa dello. Echo el caso en las faldas de los que saben y se han visto en semantes peligros porque estos y no otros entenderán qué tal era este en que estas naos estaban, y los que en ellas iban. Todavía los navíos iban de lo sin saber dónde iban todo lo posible, aunque muertos con grandes clamores y peticiones a Dios, el cual siempre muestra más particularmente su misericordia después que las gentes ya no esperan tener remedio en la tierra.

A grandes voces, como que resucitaba a la vida que ya por perdida tenía, dijo ¡Mar de España!, que es una palabra de que los marineros usan cuando no hallan fondo.

manuscrito anónimo bne res/18

Y así se hizo a estos cuitados porque no sabían si la vuelta que llevaban era buena ni si mala, y si como los alumbró Dios en amurar por la banda del [roto] la vuelta del sureste amuraran por la banda des[roto] la vuelta del noroeste no escapaba pedazo de tabla sana de los navíos que en este peligro se vieron, con el miedo que estos cuitados podrían llevar pensando cada momento que los navíos embestirían en algunos peñascos, que como de hecho si lo hicieran, según la mar había grande, en un momento fuera todo acabado. 

​Tornó el piloto mayor a echar la tercera vez el plomo bajo y, con gran cantidad de brazas de cordel no se halló fondo, y a grandes voces, como quien resucitaba de la vida que ya por perdida tenía, dijo ¡Mar de España!, que es una palabra que los marineros usan cuando no hallan fondo. Por lo cual todos, con gran devoción y lágrimas, y el general entre ellos, empezaron a decir el salmo Tedeum Laudamus, y luego la Capitana echó mar en través y tiró dos tiros para señal que las demás hiciesen lo mesmo.

Por poder ver otro día lo que era, hizo tres faroles, que era señal de haber visto tierra, a lo cual las demás naos hicieron lo mesmo. Este sobresalto dicho sintieron la Capitana y San Felipe, y San Juan de Letrán, porque San Jorge y la galera y la fusta no sintieron ni vieron nada, porque iban desviados de la Capitana casi dos leguas hacia la banda del sur, y por esto no pudieron ver nada de estos bajos porque, como digo, pasaron por de fuera de ellos.

Estos bajos se llamaron Abreojo. Están 354 leguas de La Roca Partida, en 13 grados largos de la banda del norte.

fuentes y bibliografía:

  • El Descubrimiento del Estrecho de Magallanes. BNE, RES/18.